miércoles, 10 de febrero de 2010

Con el Padre Alvaro de Martin Rey al Cielo

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Martín Rey se consagró
la calle más pastoreña
en cuanto fueron las doce
sólo lucieron estrellas
y el Padre Álvaro sintió
tan cerquita Su presencia.
Y volaron las palomas
del cielo cayeron flores
a una cúpula de ensueño
y sus manos pastoreñas
le quitaron el sombrero

Esta sevillana de Antonio Portillo resume la noche única que todos los pastoreños vivimos el pasado 8 de septiembre.
Amanecía un día luminoso, el día grande de Cantillana, la banda de música municipal tocaba la diana y el pueblo pastoreño se encaminaba hacia la Parroquia de nuestra Villa Condal, para asistir a la Función Principal de Instituto. Solemnidad y categoría, unidas al amor que los pastoreños le profesan a la Divina Pastora, fueron la antesala de una noche magna, colosal y única.
A las diez en punto, el martillo de plata del paso de la Divina Pastora, en manos de Antonio Villanueva, sonó mejor que nunca; “al cielo con la Reina de Cantillana...”
Nuestros corazones se unieron y nuestras miradas solo tenían un centro...LA PASTORA...
Aplausos, vivas y piropos se mezclaban con lágrimas y promesas, con agradecimientos por lo concedido y oraciones por los ruegos... y como en una nube, como si de su mano nos hubiera llevado a todos, de repente nos vimos bajo las estrellas del cielo de Martín Rey, cielo adornado gracias al amor y al esfuerzo de la juventud, oliendo al mastranzo y romero de risco, escuchando campanillas, y en el centro, elevado cual trono de Reina, una cúpula de amores...

“...el Padre Álvaro sintió, tan cerquita su presencia...” algo que muchos habíamos anhelado durante años, iba a ocurrir... nacido del vientre de una pastoreña, no podía ser de otra manera, el Padre Álvaro Román Villalón, nuestro queridísimo padre Álvaro, sería el encargado de despojar a nuestra Bendita Madre de su sombrero pastoril... “Salve pastora querida, cuya caridad te mueve dejando noventa y nueve buscar la oveja perdida...” a voz en grito se rezó aquella oración, casi himno, que escribiera el V.P. Fray Isidoro... ¡Bendito el instante que Dios te creó! ¡Bendita la hora que el mundo te vio!... y sus vivas llegaron al cielo, y sus vivas rompieron corazones de hielo, y Martín Rey fue un risco de amores, de felicidad, de plenitud... se estremecieron los cimientos de la tierra y estoy segura que hasta el Altísimo derramó alguna lágrima al contemplar aquel entrañable momento...

Gracias Don Álvaro, gracias por ser un ejemplo inalcanzable pero a seguir por todos y cada uno de los pastoreños, gracias por sus predicaciones, gracias por su manera de acercarnos a la Iglesia, por compartir con nosotros su sabiduría, por sus sabios consejos, por querer lo mejor para nuestra Hermandad, gracias por ser nuestro pastor particular, por ser un sacerdote excepcional, por ser una persona honesta y maravillosa y sobre todo... gracias a Dios por haber hecho que nacieras PASTOREÑO.

María del Carmen Espinosa García

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1 comentario:

juan.gf dijo...

precioso artículo, te felicito.Cuando los sentimientos son sanos y se les da rienda suelta, salen mensajes como este.Y con respecto a Martin Rey de 2009, no caben sino las palabras de haberlo vivido y gozado.Gracias a nuestro padre Alvaro.